La
libertad guiando al pueblo, Eugène Delacroix (1798-1863)
Óleo sobre tela de 2,59 x 3,25 m, Romanticismo (1830) Museo del
Louvre París
En esta
tela, se nos cuenta en primera persona como fueron los enfrentamientos
en la revolución de 1930 en París. Debido a la publicación
por parte de Carlos X de una serie de ordenanzas limitando las libertades,
Paris se levantó durante tres dias, los 27, 28 y 29 de julio
de 1830, jornadas conocidas desde entonces como las Tres Gloriosas "les
Trois
Glorieuses".
Como consecuencia de esta insurrección violenta, Carlos X abdicó
y se refugió en Inglaterra. Luis Felipe, el duque de Orleans,
se convierte en rey de Francia el 9 de agosto de 1830, comenzando un
período de monarquia burguesa.
En la escena todo intenta ser verdadero, un guardia suizo, un coracero,
un niño con dos pistolas, un ciudadano que representa al mismo
autor, muertos y moribundos... Delacroix afirmaba sobre este cuadro:
"Ya que no he podido luchar por mi pueblo, al menos pintaré para
él..." El escenario son las mismas barricadas de París,
donde se enfrentaron el pueblo y los soldados reales.
La mujer con el pecho descubierto, el gorro frigio, los pies desnudos,
armada con un fusil y portando la bandera republicana, és una
alegoría, la Libertad.
En el fondo, entre el humo de la batalla se puede observar la ciudad
de París, en concreto las torres de Nôtre Dame.
Delacroix no busca la abstracción, intenta una representación
lo más real posible, pero una realidad matizada por la ideología,
y una intencionalidad clara, la de sentirse protagonista, el mismo,
de un hecho histórico. Se observa un tema fundamental dentro
de los planteamientos teóricos, tanto estéticos como éticos
del romanticismo: la libertad, el pueblo anónimo, la lucha contra
la tiranía.
La composición forma una pirámide desde los cuerpos frente
a la barricada hasta las tres figuras principales, coronadas por la
bandera. Una composición que nos recuerda a Gericault y la Balsa
de la Medusa. La pincelada del artista crea un colorido llamativo, entre
el humo y la multitud. La luz llena de matices azules, blancos y rojos,
(símbolos revolucionarios) es especialmente intensa en la figura
de la mujer y en los caidos del primer término.
De esta manera se funden la estética romántica, violenta,
pasional, con el romanticismo revolucionario, que llena al autor, es
la plenitud de su época romántica.
La pintura, expuesta en el Salón de París de 1831, no
fue del todo bien comprendida por los espectadores, y al final fue adquirida
por el Estado, por considerarla demasiado agresiva para ser mostrada
al pueblo.
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