Catalogación:
Estatua original de bronce atribuida a Mirón (Miró)
Dimensiones: altura 1,60 m.
Estilo griego clásico, cronología aproximada: Siglo
V aC. 460 aC.
Localización: Museo Nazionale Romano, Italia, y varias
copias más en otros museos y lugares.
El
discóbolo (Lanzador de disco) fue en origen, como muchas
otras obras griegas, una escultura de bronce, que sólo
conocemos a través de copias romanas en mármol.
Representa un notable avance en la representación
del movimiento, rompiendo con la formalidad y el hieratismo
de la escultura griega anterior. Para ello se elige el momento
crítico en el que el atleta se dobla hacia delante, en
una postura de gran tensión y concentración, antes
de girar para lanzar el disco.
Decimos que el momento es crítico por varios motivos,
en primer lugar podemos observar que la posición del
cuerpo es inestable, sólo se comprende en un contexto
de movimiento continuado, en segundo lugar la colocación
de brazos, piernas, tronco y cabeza responden al justo momento
de iniciar el esfuerzo final de salida del dico, todo el curpo
se tensa y concentra para dar la mayor velocidad posible al
disco.
El equilibrio es también intencionalmente crítico,
es un momento puntual, como una foto realizada a alta velocidad,
congelando el tiempo.
La composición, está construida sobre el equilibrio
inestable de dos arcos que se cortan, el primer arco está
formado por los brazos y hombros, hasta el pie levantado. El
segundo arco lo forman la cabeza, la espalda y una continuación
hacia el pie que sostiene la mayor parte del cuerpo.
A partir de estos dos arcos la figura se desarrolla siguiendo
una linea quebrada desde el disco hasta el pie levantado. El
Discóbolo no representa el momento en el que la acción
está terminada, sino un instante fugaz de la misma. Su
belleza deriva de la magnifica composición geométrica.
A pesar de estos prodigios compositivos, la figura no rompe
del todo con el estilo severo, podemos observar que la expresión
de la cara no se corresponde con el esfuerzo del momento, y
que a pesar del evidente movimiento, la composición sigue
pecando de una cierta frontalidad, muy apreciable si se observa
el Discóbolo desde una posición lateral.
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