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Cerámica Artística y Acuarelas | ||
| Cerámica: Taller I. | |||||||||||||||
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"Cada maestrillo tiene su librillo" o lo que es lo mismo, cada artista
tiene su forma de hacer y realizar sus obras. En este caso, la mía
es ésta:
Cuando el mural excede de unas medidas en las que no puedo controlar todas las variables de humedad, movilidad, ajustes, etc. es imprescindible dibujar un plano a escala de 1::1 del mural que se quiere crear, y, a partir de aquí, se van confeccionando las distintas piezas una a una o, como máximo, grupos de 4 o 5 placas, aquellas que tengan elementos comunes y que, posteriormente, se cortarán y separarán. La obra que os presento es un pequeño mural de 6 piezas que ensamblan
unas con otras sin que apenas se noten las uniones y se sujeta a la
pared sin necesidad de pegamento o argamasa. Es una alegoría que representa
la unión de dos vidas que van a fijar su hogar, residencia, en Tárrega
(Lérida):
ENLACE "PAGES-LLOSES".
Con ello he querido concretar la ciudad donde fijan la residencia,
ya que Tárrega es una le las ciudades de España que ha adquirido renombre
gracias a la feria del teatro que todos los años celebra en sus calles. Comencé haciendo una placa o plancha
de pasta de chamota de 6 milímetros de
grosor, 34 centímetros de ancho por otros tantos de largo aproximadamente.
Después, añadí las formas de un círculo, al que corté un poco por
la parte inferior, y dejé insinuados unos prismas que salían de la
izquierda del círculo. (Figura 1)
El siguiente paso fue hacer las piezas de la base donde se recoge la inscripción "RES NON VERBA". En principio se hicieron de una sola pieza pero, antes de colocar las letras, la corté en dos partes aprovechando una de las líneas de fuga. Añadí, a cuatro centímetros de la parte superior de estas placas, un centímetro y medio de pasta aumentando, de este modo, su grosor y, rebajé hasta un centímetro la parte inferior de las mismas. (Figura 3) A continuación agregué otra plancha de 2 centímetros de grosor por 20 centímetros de ancho, por 34 de largo, encajándola con todo el conjunto que tenía confeccionado. Pegué algunos macarrones y me quedó insinuado el telón del teatro (Figura 4). Seguidamente recorté un círculo dejando un hueco donde debería encajar
el reloj (Figura 5). A continuación confeccioné el reloj. De una placa
de 6 milímetros de gruesa recorté un círculo de 12 centímetros de
diámetro y le añadí una base con paredes desiguales, para que en el
momento de encajar, en el sitio que había previsto, quedase con una
inclinación que confluirá hacía las máscaras. (Figura 6)
Ya tenía hecho el esbozo de lo que quería expresar. Ahora hacía falta
retocar, resaltar, reforzar, pulir, vigorizar etc. todo el conjunto
de la obra. Al día siguiente, la pasta estaba más sentada pero todavía con bastante
humedad como para poder añadir las pellas y macarrones que hiciesen
falta. Lo primero que hice es separar las distintas piezas que componen
el mural, para impedir que soldasen definitivamente en el proceso
de secado. Retoqué y pulí todos los elementos que forman el mural,
añadiendo o quitando pequeñas pellas de barro donde era necesario.
El siguiente paso sería revisar los ajustes de las piezas y retocar aquellos que, por el manejo o las presiones, se hubiesen desajustado. Llegado a este punto hay que dejar reposar la obra, cuidar que vaya madurando poco a poco, vigilando que, en el proceso de secado, no se deforme. Este proceso dura entre 10 y 20 días, según la climatología, los grosores de la obra, la humedad de la misma, la humedad ambiental, etc. Cuando ya la tienes seca físicamente la obra y está totalmente rígida,
se puede manipular con cierta soltura y todavía se aprovecha para
dar los últimos retoques y comprobar las uniones, lijar o limar ciertas
partes que impiden un perfecto acople. Ahora es uno de los momentos
decisivos de la obra. Hay que hornear las distintas piezas y proceder
a su primera cocción (bizcochado).
Si la pasta no se amasó debidamente y, en la superposición de las
pellas, quedaron burbujas de aire entre el barro, corres el peligro
de que explote dentro del horno, ya que la dilatación del aire es
mayor que la del barro. Para evitar deformaciones que posteriormente
resultarían nefastas, la subida de la temperatura, en esta primera
cocción, ha de realizarse de una manera lenta y progresiva. Una vez sacada del horno, tras esta primera cocción, se procede a su decoración. Es el momento de aplicar los óxidos, colorantes, cubiertas o esmaltes (ver figura 11). Y otra vez al horno y, cuando está a una temperatura entre 1000 y 1150 grados, según los productos con los que hayas decorado las piezas, se saca decidida y rápidamente para proceder a realizar la técnica del rakú. Este es un momento crucial, pues de no estar bien amasada la pasta o no estar debidamente compactada, se pueden producir roturas que darían al traste con todo el trabajo realizado hasta el momento. En las imágenes 1, 2 y 3 de la página dedicada a esta técnica del rakú, se ve perfectamente el proceso, cómo se saca del horno cuando la pieza está incandescente, se mete en serrín y a continuación en agua. En este proceso se ha producido una reacción química que se conoce como reducción y una trasformación física, una contracción, dando como resultados, una disminución en el tamaño de la obra y unos brillos metalizados que se pueden observar en la figura 15. Pero... en realidad, la idea primigenia partió de una conversación
que mantuve con Miguel Ángel y Silvia, entusiastas de la cerámica
y acordamos que les haría algo personal con motivo de su ENLACE
MATRIMONIAL PAGES -XIFRÉ. Espero que, a los espíritus inquietos que visitáis esta página, os haya servido, cuando menos, para conocer someramente el mundo de la cerámica y, a los esposados, que en definitiva son los que van a disfrutar de esta obra, desearles toda clase de FELICIDADES. |
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Esta página pertenece a la web Cerámica artística y acuarela. © 2003 A. Romero Luengo |
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