Arístocles, apodado Platón a causa de sus grandes
espaldas, nació en Atenas en el 427 a.C. (comienzo de la
guerra del Peloponeso). De familia noble, emparentada con algunos
gobernantes de su ciudad, es lógico que viera en el ejercicio
de la política su propio ideal de vida: su nacimiento, aptitudes
personales y la educación que recibió, le empujaban
en aquella dirección. Sin embargo, la larga convivencia con
Sócrates y, sobre todo, su injusta condena a muerte, cambiaron
el rumbo de su vida (399 a.C. gobierno de los Treinta Tiranos).
Platón permaneció en Atenas dedicado a la investigación
filosófica y científica, y a la educación de
los jóvenes, especialmente desde la fundación de la
Academia. Sólo abandonó Atenas en los períodos
de los viajes, que emprendió con una finalidad casi siempre
política. Únicamente el primero de ellos tuvo motivaciones
diferentes. En efecto, el -399, después de la muerte de Sócrates,
probablemente para evitar posibles persecuciones, se dirigió
junto con otros socráticos a Megara, donde fue huesped de
Euclides. De allí viajó a Creta, Egipto y Cirene,
retornando a Atenas hacia el -396. Los otros tres viajes se explican
teniendo en cuenta su ideal político-filosófico. En
Egipto conoció las ideas de Heráclito a través
de su dicípulo Cratilo, y con las ideas de Parménides
a través de Hermógenes.
En el -388 emprende Platón su segundo viaje, dirigiéndose
a Tarento y Sicilia. Aquí entró en contacto con la
comunidad pitagórica, y de sus enseñanzas llegó
al convencimiento de que era posible un conocimiento absolutamente
seguro, las matemáticas. Además recogió la
idea de la inmortalidad del alma y de su transmigración después
de la muerte. En Sicilia hizo amistad con la familia del tirano
de Siracusa, Dionisio I el viejo, quien por diversas circunstancias
acabó haciéndole vender como esclavo. Comprado y puesto
en libertad por un amigo, regresa a Atenas donde fundó muy
pronto, en el -387, la Academia (cerca de un santuario dedicado
al héroe Academo) .
A instancias de Dionisio el joven, vuelve Platón a Siracusa
en el -366 (tercer viaje) hasta que es nuevamente desterrado. Sin
embargo, regresa allí una vez más en el -361, en el
cuarto y último de sus viajes, acompañado por miembros
de la Academia. En el -360 Platón vuelve a Atenas donde permanecerá
hasta su muerte, el -347 a.C.
1.2 Obra: períodos.
Período socrático: La apología
de Sócrates, Critón, Lisis, Protágoras, Laques,
Cármides y Eutifrón.
Perídos de transición: (crítica
a los sofistas y comienzo de las teorías del conocimiento):
Hipias, Gorgias, Menón, Crátilo, El banquete.
Período de madurez: (desarrollo de la Teoría
de las Ideas y la organización del Estado): Fedón,
Fedro, La República.
Período de vejez: Las Leyes, Cartas, Filebo,
El Político, Timeo, Critias, Teeto, Parménides,
El sofista.
1.3 Sinopsis de algunos diálogos:
a) Menón:
Mediante preguntas Sócrates consigue que un esclavo deduzca
un teorema de geometría, con lo que demuestra que el conocimiento
es un proceso de reminiscencia, mediante el cual el alma recupera
el conocimiento que ya poseía cuando habitaba en el mundo
de las ideas, antes de caer en la prisión del cuerpo en el
momento de nacer.
b) El Banquete:
Esta obra nos muestra a un grupo de amigos, entre ellos el filósofo
Sócrates, reunidos en un banquete realizado en casa de Agatón.
Entre comida y bebida los comensales deciden realizar una exposición
de lo que cada uno concibe acerca del Amor. Y así, lo que
se supone debería ser una velada festiva de amigos, se convierte
en un debate filosófico sobre el Amor. Cada uno de los invitados
expone sus ideas interviniendo ordenadamente con un discurso.
Llegado el turno de Sócrates, éste narra la explicación
que en una oportunidad le diera Diótima acerca de la naturaleza
de Eros. Se trata de un ser que no es un dios, ni es un mortal.
Es un ser intermedio, un daimon, que tiene la misión de ser
intermediario entre los hombres y los dioses. Fue concebido en un
festejo por el nacimiento de Afrodita, fruto de la unión
de Penia que se acostó con Poros aprovechándose de
su embriaguez. Eros es valiente y arrojado como su padre, y pobre
como su madre. Eros es como el deseo, y también como el quehacer
filosófico: es como el anhelo del ser amado que posee de
lo que carece el amante, o también, como la búsqueda
que hace el filósofo de la sabiduría, que necesita
y ama por reconocer su propia ignorancia.
En esta obra Platón describe la ascensión del mundo
sensible al mundo inteligible. El alma asciende de la contemplación
de los objetos bellos, a las almas bellas, hasta llegar a la contemplación
de la Belleza en sí (el eidos). En esta ascensión
purificadora hacia el saber absoluto el Amor funciona como impulso
o estímulo del alma.
Platón narra la conversación que Sócrates mantiene
con sus discípulos en el último día de su vida.
En ella dialoga sobre el alma humana, que es inmortal y de una naturaleza
afín a los entes ideales que pertenecen al mundo inteligible.
También argumenta por qué un filósofo no debe
temer a la muerte, sino por el contrario desearla, ya que durante
toda su vida no ha hecho más que buscar aquello que precisamente
podrá conseguir plenamente mediante la muerte, que es liberarse
de la prisión del cuerpo y llegar a la posesión del
saber absoluto.
d) Fedro:
En “Fedón” y “Fedro” Platón
discrimina alma de cuerpo: el cuerpo es mortal, y el alma es inmortal
y puede separarse del cuerpo, cuando éste muere, migrando
a otro cuerpo. Instalada en un nuevo cuerpo, el alma puede recordar
(reminiscencia) su vida anterior.
El alma tiene tres funciones, cada una de las cuales está
relacionada con distintas partes del cuerpo. Las funciones son:
Apetitiva (vientre), Pasional (pecho) y Racional (cabeza).
En “Fedro”, Platón recurre al mito del “tiro
alado” para explicar con mayor claridad qué es el alma
y cuál es su modo de operar. El tiro alado es un carro que
puede volar (tiene alas), que es tirado por un par de caballos y
conducido por un “auriga”. El alma puede asemejarse
a una fuerza natural que mantiene unidos al carro y su conductor
(el auriga). Los caballos de los dioses son buenos, pero los mortales
tienen un carro conducido por un caballo bueno y otro malo, lo cual
hace difícil la conducción del carro. El auriga representa
a la parte racional del alma, el caballo bueno a la parte pasional
y el caballo malo a la parte apetitiva. Las dificultades del auriga
para controlar a los caballos producen su caída y la rotura
de sus alas.
El alma perfecta tiene sus alas intactas y vuela libremente por
los cielos, pero cuando pierde las alas se arrastra sobre la tierra
hasta que se apodera de un cuerpo inanimado, dotándolo de
vida: surge así un nuevo ser viviente, mortal. ¿Por
qué pueden perderse las alas? Lo que provoca esto es lo malo,
lo vergonzoso, que es lo que consume las alas y las hace perecer.
En cambio todo lo divino, lo sabio y lo bueno alimenta las alas
y las hace crecer, de aquí que el ser mortal, el hombre,
deba alimentar sus alas, perfeccionar o purificar su alma.
e) República:
En los libros V y VI de este diálogo - seguramente el más
conocido de Platón - se narra el símil de la línea
y la alegoría de la caverna para explicar, simultáneamente,
la concepción idealista y dualista que Platón tenía
de la realidad (mundo sensible y mundo inteligible), y también
cómo entendía el proceso del conocimiento, en tanto
ascensión purificadora del alma humana desde el grado engañoso
de la opinión, que da por real lo que no son más que
imágenes, hasta la contemplación de las ideas absolutas,
entes auténticamente reales, ordenados jerárquicamente
en torno a la idea suprema de Bien, representado en la alegoría
por el sol.
También explica Platón su utopía política:
un estado jerarquizado en clases que será justo si cada una
de ellas cumple con su función, y si esto está garantizado
por el gobierno de los filósofos. Esta aristocracia autoritaria
e intelectual tiene su paralelismo en la justicia del alma humana,
conseguida por la supremacía y el control de la parte racional
sobre la parte irascible y la parte concupiscible.
f) Timeo:
En el "Timeo", una de las obras escritas en el período
de vejez, nos expone Platón su cosmología, inspirada,
como el resto de sus grandes concepciones, en la Teoría de
las Ideas. Es a partir de ellas como el Demiurgo modela la materia
y da lugar así a la constitución de nuestro universo.
El Timeo es una de las obras de vejez de Platón en la que
encontramos expuesta por primera vez, sin embargo, su cosmología.
La obra comienza con una referencia al mito de la Atlántida
(que será completado y desarrollado en el Crítias).
Los elementos fundamentales que interviene en la explicación
cosmológica son, pues, las Ideas y la materia, a las que
hay que añadir el Demiurgo, (especie de semidiós artesano
del universo, y su causa eficiente), y el vacío, necesario
para explicar el movimiento. Simplificando las explicaciones, siempre
alegóricas, de Platón podríamos resumir su
pensamiento de la siguiente manera: las Ideas, que existen eternamente
en algún lugar, son contempladas por el Demiurgo quien, admirado
por su perfección y belleza pretende trasladarlas a la materia,
que se halla sumida en el caos y el desorden, sometida como está
al movimiento. Tomando como modelo esa perfección y belleza
de las Ideas el Demiurgo modela la materia, introduciendo en su
originario caos y desorden, el orden: la belleza y la armonía.
Por otra parte, no debemos concebir el Demiurgo como un dios creador,
puesto que trabaja sobre materiales ya preexistentes.
En el centro del mundo el Demiurgo colocó un alma que se
extiende por doquier por el universo, y que creó a partir
de la combinación de las Ideas y de la existencia divisible
del devenir, de las cosas sensibles, pero también de lo Mismo
y lo Otro, gozando por ello de una realidad intermedia. Las almas
inmortales son formadas también por el demiurgo a partir
de una composición similar a la del alma cósmica,
por lo que tanto unas como otra participan de los dos mundos. El
cosmos se ve convertido así en un animal eterno.
Parece ser, pues, que la intención de Platón es la
de insistir, frente a las teorías mecanicistas de Demócrito,
por ejemplo, frente a un universo caótico y sin finalidad
ninguna, en la visión de un cosmos ordenado siguiendo los
dictados de la inteligencia. La actuación del Demiurgo está
sometida, pues, a un fin: trasladar el orden del mundo de las Ideas
a la materia, ofreciéndonos así una explicación
finalista, teleológica, del universo.
2. El contexto histórico, y su influencia en el pensamiento
de Platón.
Decadencia de la polis: Platón
nace en el inicio de las Guerras del Peloponeso, cuando ya declinaba
el esplendor del "siglo de Pericles". Vive muy de
cerca el juicio y la muerte de su maestro Sócrates lo
que le afectará decisivamente en el curso de su filosofía.
Durante el siglo -V el pensamiento sofístico había
puesto en cuestión el origen divino de las leyes. Las
guerras del Peloponeso habían producido una situación
general de crisis y convulsión social. Finalmente, las
democracias -el caso de Atenas es el que afectó directamente
a Platón- fueron sustituidas por tiranías. La
decadencia de la polis tuvo su momento culminante durante el
siglo IV cuando el imperio macedónico acabó dominando
todo el mundo griego y anulando la independencia de las ciudades-estado.
Pero esta última realidad, que ya comenzaba a gestarse
durante la vida de Platón, se desarrolló en vida
de su discípulo Aristóteles, y posteriormente
con el advenimiento del pensamiento helenístico.
Defensa de la Polis: Platón
recoge la preocupación de su maestro Sócrates
por la integridad y la pervivencia de la polis, que ambos creían
amenazadas, entre otras cosas, por el pensamiento sofístico.
El proyecto de Platón fue el diseño de un modelo
de Estado ideal. Sin embargo la reflexión sobre la utopía
política le llevó a buscar sus fundamentos en
una teoría metafísica de la realidad, de carácter
idealista, a mantener una visión gnoseólogica
que fue el antecedente de las futuras posiciones racionalista,
y a defender una concepción dualista de la naturaleza
humana.
Modelo político (La República)
que se alejaba de la democracia y de la participación
de los individuos en la vida de la polis, y proponía
un régimen que se podría definir como “aristocracia
filosófica”, con una rígida estructura social.
3. Dualismo platónico: mundo sensible y mundo inteligible.
a) Mundo sensible.
El mundo que captamos por medio de nuestros sentidos, el mundo
de las apariencias o fenómenos. (No lo que realmente son
las cosas sino lo que se nos aparece o muestra de ellas).
El mundo del cambio y la pluralidad. (Que precisamente por estas
características no puede ser objeto de conocimiento).
b) Mundo inteligible.
El mundo de las IDEAS: eidos, formas, modelos
o prototipos, esencias, conceptos universales.
Estos entes ideales que componen el mundo
inteligible son eternos, perfectos, inmutables y únicos.
Son los auténticos objetos de conocimiento científico,
y aquello que puede ser considerado como lo auténticamente
real (idealismo platónico).
c) La relación entre el mundo sensible
y el inteligible.
Pensemos en las siguientes expresiones:
un buen vino y un buen partido de fútbol, triángulos
iguales e iguales oportunidades, diferentes conductas justas,
distintas personas guapas, una hoja blanca que en realidad nunca
es totalmente blanca y que es diferente al resto de hojas blancas,
un conjunto de caballos, todos diferentes entre sí y
que, además, ninguno es capaz de reunir todas las cualidades
que debería tener un caballo perfecto. Todos estos objetos,
todos diferentes y particulares, pueden ser identificados (les
podemos atribuir una esencia común a todos los de su
misma clase) porque PARTICIPAN de las ideas absolutas y eternas
de bondad, igualdad, justicia, belleza, blancura, o la idea
universal de caballo. Platón expresa esto diciendo también
que los objetos particulares y concretos que pueblan este mundo
que captamos a través de los sentidos son copias imperfectas
de los modelos eternos. Es necesario que estos modelos sean
eternos (y por tanto previos a la existencia de los objetos)
porque sino no se podría entender que podamos referirnos
a tantos objetos diferentes e imperfectos atribuyéndoles
una esencia común y perfecta.
Idealismo platónico: La peculiaridad
del pensamiento platónico está en sostener que
aquellos conceptos universales, que para nosotros podrían
ser tan sólo el resultado de un proceso de abstracción
mental, constituyen un mundo de Ideas separado,
y que además es el mundo que realmente existe.
Para Platón en nuestra mente sólo hay conocimiento
de Ideas, pero las Ideas deben existir en un mundo separado
y trascendente. (Cuando Platón habla de un mundo inteligible
separado lo hace en un sentido metafórico, no como un
mundo físico, sino como un género diferente de
la realidad). Los objetos del mundo sensible tienen una existencia
relativa o participada con relación a las ideas
o esencias universales. Para entender esto último quizá
pueda ser útil pensar en la diferencia que hay entre
una obra de teatro y sus variadas representaciones. O entre
los personajes y los diversos protagonistas que los interpretan.
Ante la pregunta sobre qué es más real, suponemos
que Platón no dudaría en responder que la obra
(única, permanente e inmodificable) es mucho más
real que la enorme cantidad de representaciones, siempre diferentes,
y al mismo tiempo más o menos fieles a aquella obra original
y primera. De la misma forma creemos que diría que la
realidad de un autor, al menos durante la representación
de una obra, se sostiene gracias a la existencia del personaje,
y que el público valorará más su actuación
a partir de su calidad interpretativa y fidelidad respecto del
original.
En nuestras vidas cotidianas de hoy, curiosamente,
sin ser demasiado conscientes, solemos ser mucho más
platónicos de lo que pensamos. Pongamos por caso la situación
de estar engripados. Nadie dudaría en afirmar que lo
que realmente existe son aquellos síntomas que nos obligan
a guardar cama: fiebre, dolor muscular, catarro, congestión
nasal. Y que, además, no habrá dos enfermos que
presenten estos síntomas de forma idéntica. Podríamos
decir que en realidad no existe la gripe sino los "enfermos
de gripe" y que la gripe es una categoría médica
que sólo existe en los libros de medicina. Sin embargo
afirmamos con total convencimiento que lo que estamos padeciendo
es la gripe, y ese es el estado real que nos obliga a faltar
al cole o al trabajo. Para nosotros también el mundo
de la ciencia es un mundo del cual damos crédito, sobre
todo por los beneficios -y también los perjuicios- que
puede comportarnos en nuestra vida diaria. Quizá, aunque
podamos criticarle a Platón el haber otorgado un estatus
de realidad efectiva al mundo ideal del saber, su aportación
fundamental es haber reconocido que por debajo de lo efímero
y cambiante (aquellas características del mundo que defendía
Heráclito) podíamos alcanzar ideas o explicaciones
permanentes o universales. Ésta será justamente
la pretensión de la ciencia a lo largo de toda su historia.
El problema de Platón fue que al darle una existencia
real a ese mundo ideal se alejó de lo que luego sería
el concepto de ciencia moderna y le hizo deudor de un filósofo
que también tuvo mucha influencia en su pensamiento,
Parménides.
Pero estas reflexiones nos alejan del tema de la
realidad, y nos conducen al tema siguiente que es la concepción
platónica del conocimiento. Hecho, por otro lado inevitable,
porque la teoría dualista de las ideas tiene un correlato
estrechísimo con la teoría del conocimiento. De momento,
antes de entrar en el tema siguiente, completemos la visión
que Platón tenía de la realidad comentando su concepción
finalista o teleológica.
4. El finalismo. (Timeo)
Para comprender la perspectiva finalista de Platón
primero definiremos lo que es el finalismo en general, y su posición
opuesta, el mecanicismo. Luego veremos cómo se manifiesta
la visión finalista o teleológica en el pensamiento
platónico.
a) Finalismo y mecanicismo.
Los hechos se suelen explicar de dos formas: averiguando la causa
de porqué ocurren (causa eficiente) o bien la finalidad (causa
final), el para qué. El primer tipo de explicación
es frecuente cuando estudiamos los fenómenos físicos.
El segundo tipo es más frecuente en el estudio de la conducta
humana, y también los organismos vivos. Las primeras responden
a una concepción mecanicista del mundo (atomismo de Leucipo
y Demócrito, o revolución científica del S.XVII),
y las segundas a una concepción finalista (Platón
y Aristóteles).
Finalismo.
El mundo está ordenado de acuerdo a finalidades, como
un organismo vivo, es un COSMOS.
Mecanicismo.
El mundo responde a leyes mecánicas, los acontecimientos
de la naturaleza se explican por relaciones de causa-efecto:
causalidad eficiente, no-causalidad final. (responde más
bien a la idea moderna de UNIVERSO).
b) Finalismo platónico.
El mundo se ordena de acuerdo a los modelos, esta es su finalidad.
La existencia del mundo (no la creación “ex-nihilo”)
se explica por la actividad del DEMIURGO.
Jerarquía en el mundo inteligible: supremacía
de la idea de BIEN. Las cosas, las personas, las sociedades
tienden a la mejor “participación” de los
modelos, a la más buena.
Por ello la idea de BIEN es como el SOL: luz que permite
el conocimiento de las ideas, pero también condición
de su propia existencia. De la misma forma que el sol es causa
de la luz y condición de la visión de los objetos
del mundo sensible, la idea de Bien es la luz o condición
del conocimiento (equiparación entre alcanzar la verdad
y purificar el alma o actuar bien = intelectualismo moral).
En otro sentido, la idea de Bien también es condición
de la existencia del resto de las ideas, de la misma forma que
el sol es condición de vida en el mundo de la generación
y el cambio. Si prescindimos del Bien no tiene sentido hablar
de modelos ni de participación, en suma, de concepción
finalista.
El finalismo platónico también es una respuesta
al mecanicismo atomista. Admitir el carácter mecánico
y, por tanto, fortuito de la realidad, equivale a negar la condición
de todo conocimiento verdadero: el reconocimiento de aspecto
necesarios de la realidad que, por su condición de tales,
la hacen cognoscible.