Filosofia 2 - Exercicis - Lectures.
Los filósofos presocráticos.
 
 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

LAS CIUDADES Y SUS FILÓSOFOS.

1. Elea: Parménides.
2. Crotona: Escuela pitagórica.
3. Agrigento: Empédocles.
4. Leontino: Gorgias.
5. Siracusa.
6. Estagira: Aristóteles.
7. Abdera: Demócrito; Protágoras.
8. Atenas: Sócrates; Platón.
9. Clazomene: Anaxágoras.
10. Colofón: Jenófanes.
11. Éfeso: Heráclito.
12. Mileto: Tales; Anaximandro; Anaxímenes.

1. Heráclito.

a) Heráclito es un filósofo que pertenece a la tradición de los físicos jonios, aunque su pensamiento se distinguió por una particular visión de la realidad, al afirmar el carácter cambiante y dialéctico de todo lo que existe. Nació y vivió en Éfeso (Jonia, Asia Menor) a finales del siglo –VI y comienzos del –V . De familia aristocrática, escribió en forma de aforismos, de contenido nada fácil de interpretar.

b) Su concepción dialéctica de la realidad contiene los siguientes aspectos:

  • Todo está en permanente cambio (panta rey). Hasta entonces los filósofos habían buscado la permanencia y la estabilidad. No hay, decía Heráclito, ni nadie puede desearlo, un mundo estancado. Todo lo que vive, vive por la destrucción de otras cosas. El fuego vive por la muerte del aire, y el aire por la del fuego; el agua vive por la muerte de la tierra, y la tierra por la del agua.
  • El cambio es oposición de contrarios. La ley oculta de la naturaleza es que todas las cosas viven en pugna, la cual es, por lo tanto esencia para la vida y por consiguiente buena. Afirmaba en un snetido metafórico que la guerra es el padre y el rey de todas las cosas.
  • Pero estos contrarios se necesitan: la realidad es unidad de contrarios. A pesar del cambio y de la contradicción, existe simultáneamente una armonía. Heráclito puede ser considerado el padre del pensamiento dialéctico, y su concepción podría resumirse en la coexistencia necesaria del conflicto y la armonía, de la unidad y la pluralidad, de la estabilidad y el cambio. Esta manera de pensar se pone de manifiesto en sus aforismos:
    Lo que hay en nosotros es siempre uno y lo mismo: vida y muerte, vigilia y sueño, juventud y vejez, ya que el cambio del uno da lugar al otro y recíprocamente.
    Nos bañamos y no nos bañamos en el mismo río: somos y no somos. No se puede entrar dos veces en el mismo río.
  • El fuego y el logos: el logos como razón interna, como equilibrio o proporción; símbolo de la unidad de los contrarios y del cambio, alma del universo. El arje para Heráclito sería el fuego. Pero él no pensaba como los jonios, no creía en una cosmogonía como Anaximandro, ni que hubiera una sustancia primera que diera origen a las demás. El mundo siempre fue como es ahora, y el fuego simboliza sus principales características: el cambio y el enfrentamiento. El fuego es uno y cambiante a la vez, y se mantiene por la muerte de otras sustancias. Debajo del cambio y de la lucha hay un orden, una armonía: el logos. El logos es como una inteligencia cósmica, un fuego racional, es algo físico que muestra lo difícil que resultaba explicar las cosas sin rebasar la noción de lo material.


2. Parménides.

a) Parménides nació en Elea, al sur de Italia, a finales del siglo –VI.

b) Escribió el llamado Poema de Parménides. Éste propone dos vías para alcanzar el conocimiento: la vía de la Verdad, transitada por la razón, y la vía de la Opinión o de la apariencia, que es la propia de los sentidos. El conocimiento verdadero sólo se puede alcanzar mediante la razón, siendo los sentidos una fuente de conocimientos aparentes y engañosos. Seguramente es el primer filósofo que propuso la regla básica del pensamiento lógico, llamado principio lógico de identidad y de no contradicción. Este consiste en afirmar que no podemos pensar que una cosa es algo y al mismo tiempo es lo contrario. Si pensamos de esta forma caemos en una contradicción lógica. Pero Pármenides no se refería exclusivamente al orden del pensamiento lógico cuando decía que el Ser es, y el no Ser no es (el Ser no puede ser y a la vez no ser); éste era también el atributo fundamental del ser en general. Fiel a aquella distinción, realizada en su poema, entre la vía de la verdad (la razón) y la vía del error (los sentidos), sólo existirá realmente aquello que se somete a las reglas del pensamiento lógico, lo demás será puro engaño sensorial. Esto le llevará a afirmar los siguientes atributos del Ser.

d) Atributos del Ser:

  • Eterno: el Ser debe ser eterno, porque si no lo fuera tendría un comienzo, y antes de este comienzo existiría el no ser, y decir que existe (es) el no ser es una contradicción. Atención que en Parménides, y en la mentalidad griega en general, la infinitud siempre es temporal (eternidad), nunca es espacial; puesto que la infinitud espacial o ausencia de límites es la ausencia de forma, la deformidad o el caos. Por ello, seguramente Parménides concebía al cosmos como eterno y de forma esférica.
  • Continuo: el Ser debe ser absolutamente continuo o compacto, porque lo contrario sería admitir la existencia de espacios vacíos, es decir de algo que no es.
  • Único: si el Ser fuera plural cada cosa es diferente porque precisamente no es lo que son las demás cosas. Nuevamente nos veríamos obligados a admitir el no ser. Para Parménides la variedad de este mundo cambiante debe ser una ilusión de los sentidos, no algo que realmente exista.
  • Inmóvil. Este es un atributo del Ser que se desprende de los dos atributos anteriores, la continuidad y la unicidad. Para que haya movimiento debe haber espacios vacíos, y esto desde el punto de vista lógico no es posible.

La afirmación de estos atributos del Ser como propiedades de lo que realmente existe, visto desde hoy, contraviene al sentido común. Sin embargo, es necesario, para comprender el sentido y la importancia de la filosofía de Parménides que hagamos un esfuerzo por comprender las limitaciones del pensamiento de su época en general.

c) El pensamiento de Parménides significó una crítica a los filósofos jonios. Para los jonios el mundo estaba formado por una sustancia primera y única, que luego fue transformándose en todas las demás sustancias. Parménides les cuestionaba ¿cómo puede una cosa transformarse en otras cosas diferentes, es decir, convertirse en lo que no es? Lo que es no puede no ser algo, porque no ser es sencillamente dejar de existir.

e) Pero sobre todo, tradicionalmente se suele oponer el pensamiento de Parménides al de Heráclito. El primero por defender la inmutabilidad del Ser, y el segundo el caracter cambiante de lo real. Esta oposición no es del todo adecuada, a pesar de que, evidentemente, son formas de pensar radicalmente diferentes. No obstante, no se puede descuidar el hecho de que Heráclito afirma el cambio pero también la unidad armónica de todo lo que existe. Si se quiere comparar a ambos autores quizá se podría resumir diciendo que mientras Heráclito tiene una concepción dialéctica del cambio, Parménides postula una concepción lógica del ser.

f) Importancia y limitaciones. Si algo debemos reconocerle a Parménides es que inició a los griegos en la senda del pensamiento abstracto, hizo trabajar a la mente sin referencia a los hechos externos, y exaltó sus resultados por encima de los de la percepción sensible. Separó el conocimiento racional (vía de la verdad) del conocimiento sensible (pseudo conocimiento, mera opinión). Es cierto que condujo a la filosofía griega a un cierto callejón sin salida; pero el esfuerzo por salir de éste produjo, en gran medida, los desarrollos intelectuales de los filósofos pluralistas posteriores, y las importantísimas construcciones intelectuales de los dos grandes maestros de la filosofía clásica: Platón y Aristóteles. Entre las limitaciones del pensamiento de Parménides se puede mencionar:

  • Una identidad total entre el ser y el pensar: las reglas lógicas del pensamiento son aplicadas a la descripción del ser. Por lo tanto en la realidad no puede existir ni el cambio ni la contradicción.
  • No distinción entre el significado existencial del verbo ser, de su significado copulativo. Afirmar: la semilla es (existe), y la semilla no es un árbol, es afirmar que la semilla es y no es, y para Parménides esto es una contradicción. Por esta razón el ser no puede ser plural, no pueden haber objetos o sustancias diferentes, el ser debe ser necesariamente único.
  • Para Parménides afirmar que la semilla se convierta en árbol significaría reconocer que del no ser puede resultar el ser. Por lo tanto el ser no puede cambiar, debe ser necesariamente estable.
    Habrá que esperar hasta Aristóteles para resolver definitivamente este problema. Si sustituimos el árbol por una piedra, Parménides tiene razón: la semilla no es una piedra ni puede convertirse jamás en una piedra. Sin embargo, para Aristóteles, no es igual el no ser árbol de la piedra y el no ser árbol de la semilla. El primero es un “no ser absoluto”, el segundo es un “no ser relativo” o “ser potencial”. En el ser de la semilla ya se halla la capacidad de convertirse en árbol. Para Aristóteles el cambio ya no sería el paso del no ser al ser (tal como afirmaba y cuestionaba Parménides) sino el paso del ser posible o potencial al ser en acto.

3. Los pluralistas. (siglo –V)

Los filósofos pluralistas, también llamados atomistas por proponer la existencia de una pluralidad de primeros principios, desarrollaron su pensamiento durantel el siglo -V. Después de Parménides ya no era posible sostener la idea de los físicos jonios de que la diversidad de sustancias que componen el mundo provienen de un único y primer principio que se iría transformando en todo lo demás. Ahora el reto de los pluralistas era encontrar la manera de mantener las propiedades del ser parmenídeo y no caer en la contradicción de los jonios (que una sustancia determinada pueda dar lugar a muchas otras diferentes); pero al mismo tiempo ser capaces dar cuenta de la pluralidad y el cambio, es decir del mundo de las sensaciones y el sentido común. En general, la manera de responder a este problema consisitió en admitir la existencia de una pluralidad de primeros principios que presentasen los atributos del ser parmenídeo (salvo el de la unicidad), y luego explicar el cambio y la diversidad por las combinaciones cuantitativas, es decir por la proporción de los elementos que se combinan.

a) Empédocles:

Se dice que fue discípulo de Parménides. Por vivir en el mundo griego occidental participaba del ambiente pitagórico, escuela dominante en la Magna Grecia (sur de italia), caracterizada por su tendencia al misticismo y al pensamiento mágico, y a entender la realidad como resultado de combinaciones matemáticas. Como un verdadero pitagórico daba gran importancia a la proporción. Decía, por ejemplo, que los huesos estaban compuestos de dos partes de tierra, dos de agua y cuatro de fuego.
El cambio como tal no existe. Lo que percibimos como fenómenos cambiantes nos son más que combinaciones en diferentes proporciones de los cuatro elementos de lo que todo está compuesto o raíces: tierra, aire, fuego y agua. Estas combinaciones se producen por el efecto de dos fuerzas, el amor (filia) que une, y el odio (neikos) que separa.
Resuelve la cuestión del movimiento afirmando que éste no necesita del espacio vacío, sino que los objetos se mueven en el ser como los peces en el agua: desplazan las sustancias que se vuelven a juntar a su paso sin dejar de estar en contacto con el móvil.
Empédocle tiene una visión cíclica del tiempo, frecuente en el pensamiento de la época. La historia del mundo se sucede en cuatro períodos: 1º período, unidad de los cuatro elementos por el amor; 2º período, separación por el odio (actual); 3º, separación total; 4º, retorno a la unidad.

b) Anaxágoras:

Anaxágora propone la existencia de Infinitos primeros principios llamados homeomerías o semillas. Cada una de ellas contiene una parte de todas las sustancias. Esta peculiaridad de las sustancias se resume en la frase: Todo está en todo. Cada homeomería es expresión del orden total del cosmos. Este orden se despliega gracias a una fuerza o inteligencia ordenadora llamada nous. Anaxágoras sería el primer filósofo en proponer una visión dualista de la realidad al sugerir la existencia de dos tipos de sustancias radicalmente diferentes: una de tipo espiritual (el nous) y otra material (compuesta por la combinación de homeomerías).

e) Leucipo y Demócrito:

Leucipo es un figura vaga y oscura. Se sabe mucho más de Demócrito y de sus escritos. Átomos y vacío: ser y no ser. Modelo mecanicista de la Naturaleza: no hay plan ni finalidad, el Universo es el resultado del azar. Concepción materialista y mecanicista:

  • Existencia de átomos: pequeñas partículas, que no pueden ser captadas por los sentidos. Son indivisibles. Chocan y se rechazan entre sí en un movimiento incesante.
  • Existencia del vacío. Les permite prescindir de un principio que explique el movimiento (materialismo). Las partículas se mueven como las motas de polvo que vemos flotar a través de un rayo de luz, y se combinan por azar.
  • Las cosas duras lo son porque sus átomos están apretadamente agrupados. las blandas están formadas de átomos más separados entre sí y, por lo tanto, ofrecen menos resistencia al tacto. En cuanto al gusto, las cosas dulces están formadas de átomos lisos, mientras que los sabores agrios y amargos son producidos por átomos ganchudos o aguzados que producen pequeñas escoriaciones en la lengua. Los colores se explicaban por las diversas posiciones de los átomos que forman la superficie de los objetos, devolviendo de distinta manera la luz que cae sobre ellos. La luz está formada a su vez por átomos pequeñísimos y sutiles que se mueven rápidamente. Los átomos más sutiles y más perfectamente esféricos y, por consiguiente, más movibles y volátiles, forman las almas de los animales y de los hombres.
  • Demócrito propuso una concepción materialista y mecanicista de la Naturaleza. El mundo responde a un modelo mecánico, en el que no hay finalidad ni plan alguno, y todo es el resultado del azar. Con esta manera de pensar Demócrito se adelanta a las ideas de su época. Después de este filósofo sólo veremos una concepción mecanicisa del universo en las ideas de Epicuro, durante el período helenístico del S. -IIII, y mucho después, en el S. XVII, durante la Revolución Científica.