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Filosofia 2 - Lectures
Roma: confluencia de filosofía y religión. (esquema).

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

1. Cronología.


S. -II.       148. Macedonia se convierte en provincia romana.
S. –I.         44. Muerte de Julio César.
S. I.             0. Nacimiento de Cristo.

SS. II. III.  Alto imperio. Neoplatonismo: Plotino.

S. IV. V.   Bajo imperio. San Agustín (354-430).
476. Caída del Imperio romano de occidente.

 

2. Las escuelas filosóficas en el Imperio Romano

  1. Durante el Imperio Romano se mantienen cuatro escuelas: platonismo, aristotelismo, estoicismo y epicureismo. Las tres primeras desarrollan un proceso de sincretismo, con preeminencia del platonismo, dando por resultado el Neoplatonismo. La figura más importante del neoplatonismo fue Plotino (S. III)
  2. La formulación de un pensamiento filosófico cristiano encontró en el neoplatonismo la corriente que le ofrecía más puntos de contacto. La culminación del platonismo cristiano se dio en Agustín de Hipona (354-430).

 

3. Dos raíces culturales: indoeuropeos y semitas. (ver lecturas “El Mundo de Sofía”)

 

4. Aportaciones del Cristianismo a la cultura greco-romana.


a) La fe cristiana y la Historia:

La filosofía griega había puesto a Dios en relación con el Cosmos, bien como Inteligencia Ordenadora (Anaxágoras, Platón), bien como Motor y Fin (Aristóteles). El Cristianismo pone a dios en relación con la Historia en un doble sentido:

  1. Dios es providente (se ocupa directamente de los asuntos humanos, de la marcha de la Historia).
  2. Dios entró en la Historia, se hizo hombre, convirtiendo a la historia de los humanos en Historia sagrada. El nacimiento, muerte y supuesta resurrección de Cristo, hijos de Dios hecho hombre, se constituye en el centro de la Historia, le da sentido y significación. (Nueva concepción lineal y progresiva de la historia).

b) Cristianismo y verdad:

  1. La filosofía griega se había caracterizado por insistir en los límites del conocimiento humano.
  2. Pluralidad de las escuelas filosóficas.
  3. La doctrina cristiana se desarrolló en un sentido inverso a estos dos aspectos del pensamiento griego, y más tarde también romano, al afirmar la posesión de la verdad como Verdad revelada (de origen divino) y,  por tanto, absoluta e incuestionable.

c) Cristianismo y concepción de Dios:

  1. Monoteísmo.
  2. Creacionismo.

d) Cristianismo y concepción del ser humano:

  1. Tres elementos en la concepción cristiana del ser humano: los humanos fueron creados a imagen y semejanza de Dios, el alma es inmortal y, al final de los tiempos, los cuerpos resucitarán. Esta última afirmación es contraria a la concepción griega del acontecer universal entendido como un proceso cíclico. (Nueva concepción lineal y progresiva de la historia).
  2. La moral cristiana no es intelectualista: el pecado no es resultado de la ignorancia sino el producto de dos factores: la maldad humana que se inclina al pecado (la naturaleza humana es una naturaleza caída por el pecado original), la acción salvífica de Dios o gracia divina, y la libertad de los humanos que puede elegir salvarse o permanecer en el pecado. Esto da sentido a las ideas de “culpa” y “arrepentimiento”, “pecado” y “redención”.

5. Agustín de Hipona (354 – 430)

Representa la transición del pensamiento filosófico greco-romano a la filosofía cristiana medieval. Su filosofía es de inspiración neoplatónica.
El idealismo platónico considera posible el conocimiento de las verdades, que son eternas y absolutas. Rechaza a los sentidos como fuente del conocimiento, y, en consecuencia, la razón puede alcanzar sin límites a la verdad.
La filosofía cristiana de Agustín considera a la verdad como Verdad revelada por Dios. Razón y Fe coinciden en su búsqueda y contemplación. Serían dos caminos que se complementan y refuerzan mutuamente.
El platonismo de Agustín le lleva a reconocer la existencia de las ideas universales, como ideas que habitan en la mente de Dios. De esta forma concilia la convicción griega de un mundo ideal eterno y perfecto, con la existencia de un Dios que crea al mundo de la nada (ex nihilo)
Agustin desarrolla la idea de una historia lineal y progresiva, una historia en la que se desenvuelve el conflicto entre el bien y el mal, en la que se construye la Ciudad de Dios, en oposición a la ciudad terrena. La Ciudad de Dios tenderá a identificarse con la Iglesia como institución. Identificación cuestionada en el S. XVI por la reforma protestante.