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La socialización.

 

 

 

El concepto de socialización.

En una primera aproximación podemos decir que se entiende por socialización el proceso a través del cual una persona adquiere la cultura de una sociedad. “Adquirir" en este contexto significa, principalmente, aprender (por ejemplo, símbolos), pero en el caso de ciertos elementos culturales “adquirir" va más allá de simplemente aprender: adquirir ciertos valores no significa solamente aprenderlos, conocerlos, sino interiorizarlos también, lo cual conduce, por ejemplo, a sensaciones de agrado o desagrado ante conductas que promueven o que conculcan dichos valores; similarmente, no es lo mismo “conocer" las creencias de determinado grupo religioso que participar de ellas; etc.

Guy Rocher define más ampliamente la socialización como “el proceso por cuyo medio la persona humana aprende e interioriza, en el transcurso de su vida, los elementos socio-culturales de su medio ambiente, los integra a la estructura de su personalidad, bajo la influencia de experiencias y de agentes sociales significativos, y se adapta así al entorno social en cuyo seno debe vivir” (Rocher, 1985:133 s). Esta definición coincide plenamente con la más escueta que hemos dado antes. Lo único que hace es añadir algunos detalles sobre el cómo y sobre los efectos de la socialización.

Respecto a los detalles que añade la definición tenemos:

  • En el transcurso de su vida": La etapa más intensa del proceso de socialización tiene lugar, lógicamente, durante los primeros años de la vida de cada individuo. Pero, sobre todo en las sociedades modernas, el individuo continúa “siendo socializado" durante toda su vida, y ello por dos razones principalmente: Porque ningún individuo llega nunca a aprender e interiorizar “todos" los elementos de una cultura, y porque todos estamos, casi continuamente, “ingresando" en nuevas subculturas: cada vez que ingresamos en un nuevo centro de estudio, en un nuevo grupo de amigos, una nueva empresa, etc., tenemos que aprender los elementos subculturales propios de dicha formación social (por ejemplo, motes, normas, valores, etc.).
  • Se adapta al entorno social": Efectivamente, al adquirir (aprender e interiorizar) una cierta parte de la cultura de una sociedad un individuo se hace apto (se ad-apta) para vivir y desenvolverse en esa sociedad.
  • Los integra (los elementos socioculturales) a la estructura de su personalidad": Este es el punto que nos interesa especialmente ahora. Más generalmente, se trata de la influencia de la socialización sobre la personalidad del sujeto.

Relación entre socialización y personalidad.

Cada elemento cultural que aprenda e interiorice el sujeto, o sea, cada habilidad que adquiera, cada valor que adopte, etc., significa una aportación a su personalidad. No sólo el contenido sino también el modo de la socialización afecta a la personalidad. Esto lo indican o sugieren muchas teorías de la personalidad. Quizá la de Freud sea la más explícita a este respecto.

Finalmente, si recordamos los casos de los niños-lobo, tendremos que concluir que el proceso de desarrollo de la personalidad y el proceso de socialización vienen a ser el mismo, sólo que lo llamamos una cosa u otra según centremos nuestra atención en los efectos sobre el sujeto o en el hecho de la transmisión de elementos culturales respectivamente.

Ahora bien, si la personalidad depende tan íntimamente de la socialización, y el contenido de ésta es la cultura, ¿no tendremos que concluir que las personalidades de todos los miembros de una misma sociedad serán muy similares entre sí? La respuesta es más bien no, ya que la cultura no es ni el único determinante de la personalidad ni un determinante rígido.

En primer lugar la personalidad se desarrolla a partir de la base biológica de cada persona. Esto ya introduce una fuente de variación independiente de la cultura. Por lo que a la rigidez se refiere, la cultura “permite unas elecciones, unas opciones entre valores dominantes y valores variantes; entre modelos preferenciales, variantes o desviantes... La cultura puede también autorizar, a veces exigir incluso, una parte de innovación en los actores sociales, habida cuenta, sin embargo, de que todas las sociedades no ofrecen, a este respecto, el mismo margen a sus miembros" (Rocher, 1985:118 s.). A continuación Rocher hace notar que, lógicamente, “esa flexibilidad del molde cultural" no es ilimitada.

Así pues, dentro de una sociedad habrá bastante diversidad de personalidades, pero también habrá ciertas uniformidades básicas. Teniendo esto en cuenta evitaremos el malinterpretar expresiones como “el hombre es un producto social", o la aparentemente opuesta de que “cada individuo es un ser único". Ambas afirmaciones pueden ser ciertas si se interpretan matizadamente, no de un modo simplista.

Por otra parte, la existencia, culturalmente determinada, de ciertas características muy difundidas en una sociedad, explica que muchos individuos puedan tener por “natural" lo que en realidad es cultural, y sean incapaces de comprender que individuos de otras sociedades (con otras culturas) puedan tener valores, ideas o gustos diferentes. Esta falta de comprensión genera frecuentemente sentimientos de hostilidad o de desprecio. En esto consiste el etnocentrismo, que va superándose a medida que aumenta el conocimiento de otras sociedades y el contacto con ellas.

Finalmente, dándonos cuenta de cómo ciertos valores, gustos, ideas, creencias, etc., llegan a integrarse sólidamente en la personalidad de prácticamente todos los miembros de una sociedad, es como podemos comprender conductas sociales de otro modo incomprensibles, como la persistencia, en ocasiones durante siglos, de ciertas ideas a pesar de la evidencia en su contra, etc.

Particularmente interesante en este sentido es el caso del control social. A veces resulta sorprendente que este control resulte tan “fácil", sobre todo teniendo en cuenta que en toda sociedad suele haber clases o estamentos obviamente privilegiados; y sin embargo, las clases o estamentos menos privilegiados no sólo respetan la situación, sino que incluso la consideran legítima. Recordemos a este respecto el superego de Freud: Las normas y valores llegan a interiorizarse de tal modo que su control externo por medio de vigilancia y castigos o premios sólo es necesario en casos excepcionales; en la mayoría de los casos el control lo ejerce cada individuo internamente para sí mismo, y las eventuales infracciones son autocastigadas por el propio individuo con sentimientos de culpa.

Todos estos ejemplos ilustran la utilidad de los conceptos de cultura, socialización y personalidad en el análisis de la realidad social.

El proceso de socialización: los agentes.

Ahora que ya tenemos una idea de los efectos de la socialización, vamos a ver algún detalle sobre cómo tiene lugar este proceso. En el proceso de socialización podemos distinguir el sujeto, el objeto, los agentes y los mecanismos de socialización.

  • El sujeto de la socialización es principalmente el niño, pero en mayor o menor grado lo es todo individuo, puesto que, según vimos, el proceso nunca llega a quedar totalmente concluido durante la vida de una persona.
  • El objeto de la socialización es la cultura, como ya sabemos.
  • Los agentes se pueden clasificar de varias maneras. Aquí distinguiremos en primer lugar entre aquellos agentes que tengan la labor socializadora como objetivo explícito y reconocido, y aquellos que “ejerzan esa función de un modo solamente instrumental, con miras a otras actividades o a otros fines tomados como objetivos explícitos" (Rocher, 1985:151).
Los principales entre los primeros son la familia, las iglesias y sectas religiosas, y los centros de estudios de cualquier nivel (si bien con diverso ámbito, puesto que en la escuela primaria el objetivo de socialización es muy amplio, mientras que los centros de superior nivel se centran en la transmisión de parcelas más especificas de la cultura). Entre los agentes del segundo tipo podemos mencionar empresas, sindicatos, partidos, asociaciones recreativas y similares, grupos de compañeros, grupos de amigos.

Por otra parte, todos los agentes de socialización de ambos tipos que acabamos de mencionar son “grupos identificables"; pero la socialización también “se lleva a cabo de una manera más difusa, por cuanto concierne al conjunto de una colectividad y afecta a una masa" (Rocher, 1985:151). Esto se refiere concretamente a los medios de comunicación de masas: Libros, periódicos, cine, radio, televisión, discos, vídeo, etc. Algunos de los productos de estos medios tienen una intención explícitamente socializadora, como, por ejemplo, material didáctico, mientras que en la mayoría de los casos la intención explícita es otra, por ejemplo entretener, y el efecto socializador que pueda haber será indirecto. Indirecto, sin embargo, no quiere decir imprevisto o no deseado. Todos sabemos que no pocos productos de los medios de comunicación de masas presentan la intención manifiesta de entretener, ilustrar, informar..., pero están realmente motivados por el deseo de difundir entre la población ciertos valores, opiniones, ideas, etc.

Texto extraído y adaptado de:
AAVV: Pensar nuestra sociedad, Mestral Universidad, Valencia, 1988, pp.120-124.