Tarde de confesiones


 

 


Me llamó para decirme que aquella tarde no saldríamos.
Sin pensármelo dos veces cogí mis cosas y en cinco minutos aparecí en su casa. Me pareció muy rara esa llamada ya que ella no dejaría de salir un sábado si no fuera por algo muy importante.

Piqué unas cuantas veces al timbre y en vista de que nadie me abría decidí subir, esto fue posible gracias al amable vecino que siempre nos encontramos antes de ir al colegio.
No hizo falta que llamara mas de dos veces al timbre, me abrió enseguida; su cara reflejaba tristeza en un entorno pálido. Enseguida me invitó a pasar. Estaba completamente sola. Rompiendo el silencio le pregunté:

-¿Laura que te ocurre?- no me respondió, ni siquiera un gesto, ni una mirada; todo era muy extraño ella no era así.
-¿Laura, mírame, que ha sucedido?- comenzó a llorar, no podía aguantarse ni un segundo mas las lágrimas; algo realmente trágico le había pasado.

Mientras se secaba las múltiples gotas de llanto que le corrían por la mejilla, con un hilo de voz temblorosa, me respondió:
-Mi abuelo se ha muerto, ya no existe.- me quedé totalmente paralizada, sin poder reproducir ninguna palabra que saliera de mi boca.

Después de cinco minutos en silencio sin saber que decir salió de dentro de mí un:
-Todo ser humano no puede evitar morir- y ella rompió de nuevo a llorar.
De pronto cruzó las manos y comenzó a dirigirse a Dios murmurando:
-Dios mío porque a tan buen hombre te lo has tenido que llevar, aquí nos hace falta, de todas maneras tú marcas el destino y hasta aquí a llegado el suyo, protégelo y cuídalo y haz que él cuide junto a ti de los suyos.- me quedé sin palabras, yo no creía en esas cosas, ¿que de lógico tiene que un ser sobrenatural, “nuestro creador”, cree a las personas sin pasar por un proceso evolutivo? , dadas las circunstancias preferí no comentar nada; pero no hizo falta, se llevó las manos a la boca y se disculpó por el comentario religioso que había dicho.

-No tienes porqué disculparte es tu opinión- enseguida le dije yo.
-Sé que no piensas del mismo modo que yo por eso no quise decirte nada, pero bueno ya lo sabes, es que me daba vergüenza decírtelo, tú no me comprendes, desde pequeña me han educado de esta manera, sé que no es para avergonzarse pero normalmente no se suele decir. Sé que no comprendes mi comentario.

Realmente no la comprendía y me quedé callada, me pidió mi opinión sobre lo que antes había comentado, las palabras que había realizado hacia Dios; al principio no supe que responder pero después le dije que me parecía absurdo referirse a un ser que ni siquiera se sabe si existe realmente, la ciencia demuestra que es falso con las teorías evolutivas, y yo particularmente me creo más lo que es demostrable.

No supo que responder, hasta que llegó un momento en que dejó de llorar, parecía un sueño, todo aquello por lo que había estado derramando lágrimas fue como si desapareciera y se puso a discutir conmigo sobre la existencia de Dios y me dijo:
-Para hacer un pastel se necesita una persona que lo haga, aunque tengamos los materiales necesarias no surge de la nada, en este caso ¿si mezclamos carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno se formaría materia viva?; con esto te quiero decir que se necesita una obra divina para la existencia de algo tan complicado como es el ser humano-.
Esa pregunta me hizo dudar, aunque antes de esto yo tenía muy claro mis creencias, dentro de mi pensé que la vida era una combinación de elementos químicos que permiten la sensibilidad, la reproducción y el intercambio de materia con el medio que nos rodea, un proceso fisicoquímico de reestructuración molecular ; no entendía cómo, pero ella sabía todo lo que pensaba algo realmente alucinante, como si lo hubiera dicho en voz alta ella me aclaró que podría tener razón que eso no se sabe hasta después de morir y que cada persona es libre de tener su propia opinión.

Me quedé alucinada parecía que al sacar el tema fue como si se le borraran todos los pensamientos tristes de aquel día para pensar únicamente en si Dios existe o simplemente es todo una farsa.

Me pidió que la acompañara a dar una vuelta quería tomar el aire, salimos a la calle y se santiguó. Realmente el tema del que habíamos estado discutiendo sirvió para que ella no ocultara sus creencias, cosa que a mi me pareció realmente absurdo, pero en ese momento no creí conveniente decírselo.



RAQUEL VENTOSA FERNÁNDEZ