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La teoría pragmática La teoría pragmática considera que el Arte es un medio para alcanzar un fin: satisfacción sensorial, enseñanza de algún valor determinado: moral, religioso o social. Cuando el fin perseguido por el Arte es producir placer en sus destinatarios decimos que los propósitos del Arte son hedonísticos: la música religiosa de Bach, por ejemplo, fue creada para una función litúrgica hace dos siglos pero actualmente hay personas que experimentan placer escuchando esas piezas sin ninguna motivación religiosa; otros oyentes pueden experimentar esa misma música en su valor intrínsecamente religioso, para el que fue creada. Considerar el Arte como un medio de asimilación de conocimiento significa que su frecuentación puede conducirnos a la posesión de alguna verdad; es necesario detenernos un poco en esta idea; es posible que una obra sostenga criterios falsos, como datos geográficos tergiversados, cronologías inexistentes, etc... pero posea un hondo grado de verdad; el Arte es esencialmente forma y, por lo tanto, ése debe ser el criterio fundamental para la valoración. El Arte ha sido instrumentado para predicar una moral, sus manifestaciones religiosas ofrecen buenos ejemplos de esto, en muchos casos de dudoso valor artístico, en otros alcanzando el clímax. Las Meninas, análisis pragmático.
La profundidad: Mirada, Perspectiva y Teoría Política. En Las Meninas se nos enseña la Supremacía Todopoderosa del Rey mediante la expresión de su Capacidad Visual. Velázquez fue el pintor del rey Felipe IV, que gobernaba mediante el Absolutismo, como tantos otros monarcas de su época; esta doctrina considera al Soberano como representante de Dios en el Reino y única fuente legítima de autoridad: verdaderamente sólo él podía mandar y todos los magistrados, generales y funcionarios ejercían potestad por su delegación. El ejercicio del Poder Real Absoluto, por expresa y especial delegación divina, está garantizado mediante la concesión al Monarca de facultades excelsas: entre otras y como síntesis de todas ellas, una total acuidad visual, la Penetración Absoluta. Solamente una percepción en plenitud puede ser atribuída al Ojo Real que capta comprensivamente la realidad, atravesándola toda, no quedándose en la superfície, sino llegando al corazón de las cosas, hasta el fondo y base de los objetos y procesos; tan solo la Profundidad, la captación simultánea de las diversas dimensiones de la realidad, la visión sintética y total, puede ser esa cualidad de la Mirada Real, que parece retomar las palabras de la Escritura: Has penetrado mis secretos y me has conocido(Ps. 139, 1) asimilándose la Mirada del Rey a la Divina, como elemento posesor de toda Ciencia y Conocimiento. Pero el Rey no sólo capta lo que tiene luz sino que él mismo la despide: veamos que el espejo, por el reflejo que incide en el cristal, empaña, cubre un poco, la imagen del Rey: no se trata de algo accidental o de un mero reflejo producido por un deseo de alcanzar una imagen más próxima a la rigurosa percepción sensorial; la luz sobre el Rey tiene en cuenta las palabras del Salmo (104,2): Vais vestido de Esplendor y de Majestad, la Luz os viste, como un manto. Estas referencias bíblicas, en una Sociedad en que la Teoría Política estaba justificada en la Escritura, en la que la Iglesia tenía una función pública propagandística, muy vinculada al Poder, habían de ser muy conocidas y aplicadas a la persona del Rey, considerado el representante de Dios en el Mundo, como ya hemos dicho más arriba. Realidad absoluta mediante la Tridimensionalidad. Velázquez representa la Realidad Absoluta, la Profundidad, mediante la Tridimensionalidad: recrear lo que se ve de manera que la imagen pueda confundirse con su modelo (la Realidad). Para ello el pintor utilizará una superficie plana, con dos dimensiones (anchura y altura), haciendo ver que hay tres. Manipulará al espectador de tal manera que éste, aun cuando sepa que la imagen es plana (porque el espectador siempre consiente entrar en la manipulación, en la dinámica de la imagen), creerá que la imagen tiene tres, y no solamente dos (que es lo real). Prácticamente, Velázquez partirá de la forma del cuadrángulo, transformándolo hasta conseguir visualmente un cubo, un espacio de seis lados, un dado de aire. Este elemento, de líneas rectas, se verá complementado, para conseguir su objetivo, con otro de líneas curvas, patentes en los gestos de los modelos. La reconstrucción de la realidad encarna en solamente dos dimensiones lo que verdaderamente tiene tres.
De: CHORDÁ, "Aprendiendo a Mirar el Arte", pp. 124-125.
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