Jacques Louis David
El jurament dels Horacis

Autor: Jacques-Louis David. 
Tipo de obra: Oleo sobre tela (3,30 x 4,27).
Estilo: Neoclásico
Cronología: 1784-1785 
Localización geográfica: Musée du Louvre. París.
La obra describe el juramento que hacen los tres hermanos Horacios delante de su padre, de luchar por Roma contra los tres hermanos Curiacios, representantes de la vecina Alba, (uno de cuyos miembros estaba prometido a su hermana Horacia), hasta la muerte si fuera necesario. El incidente fue recogido por los historiadores romanos, y aunque ocurrió durante la monarquía, los franceses lo tomaron como ejemplo del patriotismo republicano.
David pintó este cuadro después de haber visto en el teatro la obra Horacio de Corneille, adaptación muy libre de la Historia de Roma de Tito Livio, que en el primer libro comenta este hecho real o legendario.
La escena representa el momento culminante de la historia de dos familias, los Horacios y los Curiacios. Los tres hermanos Horacios van a entablar combate singular contra sus rivales. La victoria en el combate será decisiva para la supervivencia de sus propias ciudades. 
El juramento de los tres hermanos sobre las espadas sostenidas en el aire por su anciano padre parece que fue una invención del propio David. La actitud marcial y arrogante de los personajes masculinos contrasta con el recogimiento y desolación del grupo de mujeres y niños. Esta oposición acentúa el dramatismo que ya de por sí tiene el acto del juramento. 
Los personajes se mueven en un primer plano sobre un fondo que representa una temprana arquitectura romana que David consideraba históricamente correcta, tres grandes arcos que descansan sobre dos macizas columnas, creando un escenario poco profundo, como si fuera un teatro.  La sombra del fondo hace resaltar las figuras del primer plano. La resolución marcial de los jóvenes héroes semeja la disposición grandiosa de las estatuas, aunque con mayor rigidez, mientras las mujeres adoptan una postura de elegancia clásica. Todas las formas, tanto masculinas como femeninas, se destacan con claridad; la magnífica musculatura masculina y los delicados miembros femeninos - incluso los pliegues de los tejidos- son tan duros como el acero de las espadas. El color, inerte como el de las superficies, se reserva para zonas concretas, sin ninguno de los cambios de color típicos de la tradición barroca y del rococó.
La idealización de las actitudes humanas trasmite una artificiosidad y una teatralidad, quizá derivadas de los cuadros vivientes tan difundidos en la época. El espectador no se siente vinculado a la escena ni se pretende que haya una interpretación subjetiva. La tela presenta una composición equilibrada y racional. Los personajes situados en un mismo plano evocan la disposición de las figuras de los relieves de la antigüedad. La galería porticada encuadra la escena en tres partes iguales y parece inspirarse en el marco arquitectónico de los sarcófagos romanos. La luz, fría y estudiada, no crea atmósfera. No hay  matices de color. El modelado escultórico de las formas predomina sobre la plasmación pictórica. La preeminencia del dibujo permite una precisión que contribuye a idealizar y a elevar a la categoría de arquetipos la actitud de los personajes.
La obra es una exaltación de los valores del deber y de la virtud humana, a partir de un hecho individual. David hace un uso riguroso de la geometría en la composición de las escenas. Usa inteligentemente los colores de claroscuro caravaggiano, destacando únicamente el rojo de la túnica del padre.
David está inmerso en las transformaciones radicales de la época, aunque pinta según los cánones de la academia. El tema del cuadro será visto después como un ensayo revolucionario, una llamada a la lucha por el honor en contra de los vicios del antiguo régimen. Más tarde Davir será el pintor de cámara de Napoleón y morirá en el exilio después de la Restauración borbónica. Estilo y artista evidencian las aspiraciones y contradicciones de una época que hará cruz y ralla definitivamente con el pasado al iniciarse la crítica de los valores del antiguo régimen. La consciencia moderna va abriéndose camino. 
El Juramento de los Horacios fue presentado en el Salón de París en 1785, cuando aun reinaba Luís XVI. 0btuvo un gran éxito y posteriormente fue considerado como el manifiesto del neoclasicismo pictórico. Sabemos que el pintor estudió en la academia francesa de Roma desde 1775, durante la mayor parte de su estancia en Roma se dedicó a copiar modelos clásicos de las más bonitas estatuas. Copias que se han perdido la mayoría, pero que sabemos estaban pintadas con sombras negras siguiendo modelos de Caravaggio y los tenebristas.  Cuando tomo contacto con el arte clásico en su propia tierra el nuevo estilo neoclásico ya estaba bastante avanzado, contrastando con la suavidad y vaguedad del estilo aristocrático del rococó.