DISCUSIÓN
DE ALVAR SÁNCHEZ Y GONZALO GUSTIOS
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Gonzalo
Gustios
de Francisco de Zurbarán
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Alvar
Sánchez, montó en su caballo y se fue al tablado; al llegar
a él dio en las tablas tal golpe que se oyó en la ciudad.
Doña Lambra se alegró mucho cuando supo que había
sido su primo quien lo había dado y, llena de orgullo, dijo delante
de doña Sancha y de sus siete hijos: -Ya veis, amigos, cuán
esforzado es don Alvar Sánchez: de los muchos caballeros que
intentaron dar en lo alto del tablado, él ha sido el único
que lo ha conseguido. Más fuerte es él que todos los demás.
Doña Sancha y sus hijos
lo tomaron a risa; pero éstos estaban tan entretenidos en una
partida que habían comenzado que no prestaron mucha atención
a las palabras de doña Lambra, excepto Gonzalvico, y que sin
sus hermanos se apercibieran, montó a caballo, cogió un
bohordo y se fue sin otra compañía que la de un escudero
que le llevaba un azor. En cuanto llegó al tablado le dio tal
golpe que rompió una de las tablas.
Doña
Sancha y sus otros hijos, cuando lo oyeron se alegraron mucho; no así
doña Lambra, a quien le pesó. Los infantes montaron entonces
a caballo y se fueron donde estaba su hermano, porque temían
que algún despechado promoviera un alboroto, como sucedió,
ya que Alvar Sánchez empezó a decir tales cosas que Gonzalo
González le respondió del siguiente modo:
-Tan bien manejáis vos
la lanza y tanto gustáis a las damas que me parece que no hablan
tanto de ningún otro caballero como de vos. A lo cual respondió
Alvar Sánchez:
-Si
hablan de mí es con razón y porque comprenden que valgo
más que los demás. Al oír esto Gonzalo González
se enfadó tanto que no se pudo contener y se lanzó sobre
él con tal violencia que de la puñada que le dio le rompió
los dientes y la mandíbula y le hizo caer muerto a los pies del
caballo.
Doña
Lambra, cuando lo supo, empezó a llorar y a lamentarse, diciendo
que ninguna mujer había sido tan ultrajada en sus bodas como
ella lo era. Ruy Velázquez, al enterarse de esto, cogió
una lanza, cabalgó a toda prisa y dio con ella un golpe tan fuerte
en la cabeza de Gonzalo González que le hizo echar sangre por
cinco sitios. Al verse Gonzalo tan malherido dijo a Ruy Velázquez:
-Por
Dios, tío, yo no merezco que me tratéis así, ruego
a mis hermanos que si por ventura muriera de este golpe no quieran vengarse,
y a vos os ruego que no me deis otro, porque no sé si entonces
me podré contener.
Ruy
Velázquez furioso alzó la lanza para darle otro golpe;
Gonzalo desvió la cabeza, pero le alcanzó en el hombro
con tanta fuerza que se rompió la lanza en dos pedazos. Viendo
el infante que no tenía más remedio que defenderse, cogió
el azor que tenía su escudero y le dio con él a su tío
en la cara, hiriéndole y haciéndole echar sangre por las
narices. Ruy Velázquez gritó:-!A las armas! !A las armas!
En
un momento se juntaron con él todos sus caballeros. Los infantes,
por su parte, al ver que aquello iba a acabar mal, se apartaron a un
lado con toda su gente.
Cuando
Garci Fernández y Gonzalo Gustios, se enteraron de esto, fueron
donde estaban y los separaron, logrando al final que se reconciliaran
y se hicieran amigos. Gonzalo Gustios dijo a su cuñado:
-Ruy
Velázquez, vos necesitáis caballeros para hacer la guerra.
Moros y cristianos os envidian y os temen. A mí me gustaría,
si os parece bien, que mis hijos os sirvieran y acompañaran para
que vos, los favorezcáis. Son vuestros sobrinos y no han de hacer
más que lo que vos queráis.
Ruy Velázquez dijo que
le placía mucho.
Después
de estar todos apaciguados y acabadas las bodas, el conde Garci Fernández,
se llevó consigo a Ruy Velázquez y a Gonzalo Gustios.
Doña Lambra y su cuñada doña Sancha, los siete
infantes y Nuño Salido, se fueron para Barbadillo.
DISCUSION ENTRE DON RODRIGO Y GONZALO
-Doña
Lambra: ¡Ah Rodrigo, los hijos de mi cuñada!
-Gonzalo:
Señor, ¡Sólo fui yo!
-Ruy:
¿Qué has hecho?
-Doña
Lambra: A Alvar Sánchez le dio...
-Ruy:
¿Qué le dio?
-Lope:
Una cuchillada
-Ruy:
¿Y has tenido Gonzalo este atrevimiento?
-Gonzalo:
Mira que el honor llama a la ira, ella al brazo, él al cuchillo,
un primer movimiento, y no es culpable.
-Ruy:
Sí, mas para que te sirva de escarmiento, castigue este bastón,
sobrino, tal desvarío.
-Gonzalo:
Muerto me habéis, señor tío. Muerto me habéis
sin razón. Si no fueses mi tío, de mi madre hermano...
-Lope:
Tente Ruy, que ya es bastante
-Gonzalo:
No me deis otro, tío, que no lo podré sufrir.
-Ruy:
¡Desvergonzado! (Y le va a pegar otro estacazo).
-Gonzalo:
Eso no.
-Lope:
Por Dios, que le dio Gonzalo Todos sabemos herir.
LLEGA EL CONDE
Deténganse
caballeros. ¿Es este el respeto que debéis a vuestro señor?
Tú,
Gonzalo, ¿no adviertes que doña Lambra es mi prima, si
presumes de lealtad?
Y
vos Rodrigo: ¿No os dais cuenta que sois su tio?
-Gustios:
Mejor es que se concluya, Conde, esto en paz, el mal ya está
hecho, y yo castigaré a este rapaz. Y vos cuñado,
bien hiciste dándole el bastonazo. Todos fuimos muchachos. Gonzalo,
¡Pídele perdón!
-Gonzalo:
Tío, los dos tuvimos razón, más yo quiero ser culpado.
Dadme el perdón.
-Ruy:
Al conde pedid sobrino, perdón por los dos de aquí.
EN
BARBADILLO
(Se
van a Barbadillo, con la recién casada, estando don Rodrigo ausente).
Los infantes, para congraciarse con su tía, se fueron a cazar
con sus azores por las riberas del Arlanza. Después de haber
cazado muchas aves se las ofrecieron a doña Lambra. Luego se
entraron por una huerta, que estaba junto a las habitaciones de doña
Lambra, para descansar, mientras se preparaba la comida. Gonzalo González
se puso entonces en ropas menores, cogió su azor y se fue a bañar.
Al verle de este modo, doña Lambra se enfadé y dijo a
sus doncellas:
-Amigas,
¿no veis cómo anda don Gonzalo? Yo creo que se ha puesto
así para que nos enamoremos de él. Os aseguro que me he
de vengar de semejante agravio. Hizo entonces venir a un criado suyo
y le dijo:
-Vete
a la huerta, toma un cohombro (Una especie de pepino largo y torcido),
llénalo de sangre y échaselo en el pecho a Gonzalo González,
que es el que tiene el azor en la mano. Luego vente a mí y no
tengas miedo, que yo te defenderé. De este modo vengará
la muerte de mi primo Alvar Sánchez.
El
criado hizo lo que doña Lambra le había mandado.
Al
ver los infantes acercarse a aquel hombre creyeron que su tía
les mandaba algo de comer, porque la comida se retrasaba. Pensaban los
infantes que su tía les quería, en lo que estaban muy
equivocados. Cuando llegó aquel hombre alzó el cohombro,
y se lo tiró a Gonzalo González, como su señora
le dijo que hiciera. Al verle lleno de sangre, huyó. Sus hermanos
se rieron entonces sin saber qué hacer. Gonzalo les dijo:
-Hermanos,
hacéis mal en reiros. Del mismo modo que me ha hecho esto me
podía haber matado. También os digo que si a alguno de
vosotros le pasara esto, no tardaría yo mucho en vengarle. Plega
a Dios que os tengáis que arrepentir de haberos reído
de lo que me han hecho.
Entonces
dijo Diego González: Es necesario que resolvamos lo que hemos
de hacer para no quedar así burlados con tanta mengua de nuestra
honra. Yo creo que debemos irnos hacia ese hombre con las espadas bajo
los mantos; si vemos que nos espera y que nos teme, será señal
de que ha sido una broma y le dejaremos; si huye hacia doña Lambra
y ésta le protege, será que lo ha hecho mandado por ella.
En ese caso debe morir, aunque ella lo defienda.
Cuando
hubo dicho esto Diego, cogieron todos sus espadas y se fueron hacia
la casa. Al verlos venir corrió el criado a ampararse bajo el
manto de su señora. Los infantes le dijeron:
-Tía,
no os empeñéis en defender a ese hombre.
-¿Por
qué no, contestó doña Lambra, si es mi vasallo?
Si
hizo algo malo le castigaré; pero no le hagáis nada mientras
esté bajo mi protección. Los infantes se dirigieron a
ella, sacaron el criado de debajo del manto y le mataron allí
delante. Su sangre manchó las tocas y el vestido de doña
Lambra.
Hecho
esto, montaron los infantes, a caballo, y se fueron a Salas, a su casa
y tierras.
Gonzalo
se baña desnudo, pensando estar a solas, pero doña Lambra,
lo ve y se siente afrentada, considerando tal actitud como un intento
de seducción, y respondió con otro insulto: Ordena a un
criado suyo que arroje un cohombro ensangrentado al pecho de Gonzalo.
Este mata al ofensor, refugiado bajo el manto de Doña Lambra.
La dama se siente afrentada por la muerte y por la sangre que le ha
salpicado, y pide venganza por la deshonra, y venganza doble: Ruy Velázquez
enviará a Gonzalo Gustios a Córdoba ante Almanzor, y prepara
una emboscada a los infantes.
Tranquilizados los ánimos,
el conde de Castilla, acompañado de Ruy Velázquez y Gonzalo
Gustios marchó a Burgos, en tanto los infantes acompañaban
a doña Lambra y a doña Sancha a Barbadillo.
Detrás
de la casa de doña Lambra, andando entre las tapias y los corrales,
para solazarse un rato, Gonzalo González denudóse y llevó
a bañar su azor; al verlo en ropa de lino, Doña Lambra
interpretó torcidamente la intención del muchacho, y juzgó
que lo hacía para que las mujeres se enamoraran de él.
El escarnio, provocó la represalia de los siete hermanos, que
sin respetar la protección del manto de doña Lambra daba
al ofensor, le arrebataron al hombre, y ante atónitos ojos de
la dama le dieron la muerte.
Los
infantes van a cazar por la margen del Arlanza, volando van arrogantes,
las garzas con sus halcones. Doña Lambra llama a un criado y
le dice: ¡Cuando Gonzalo se aparte de su gente, tú que
eres animoso, acércate con alma determinada, no para sacar la
espada, sino para tirarle un cohombro de sangre, y tíraselo al
pecho!
Ya
sabes que ésta es la afrenta mayor de Castilla, y yo te daré
cobijo, si alguno seguirte intenta.
Doña
Lambra, tiene poder sobre dos pollos, que mueven el amor y la venganza.
Aparece el criado y con ira arroja el cohombro al cazador vencido.
Sus
hermanos los infantes, no podían contener la risa.
Esto
no es cosa de risa, bien me podía haber tirado una lanza o darme
una cuchillada.
Entra
Gonzalo: -Nadie se ponga delante, que le quitaré la vida.
(Entra
huyendo Estébanez)
-Lambra,
cúbrete bajo mi brial, que todos vienen tras de ti. ¡Sobrinos,
no le hagáis mal! ¡Mirad que podéis herirme, tened
respeto a quién soy!
-Gonzalo:
Tú te lo has buscado, porque el hidalgo, no habría hecho
desatino.
-Lambra:
¿Yo lo mandé?
-Gonzalo:
Pues si no le mandaste, ¡Déjale!. No trates de tu respeto,
matar. ¡Dale Fernando!
-Estébanez:
¡Ay de mí! 1Muerto soy!
-Gonzalo:
¡Cohombro de sangre a mí!
-Lambra:
¡Ay traidores!. A dos parientes me ha muerto Gonzalillo, en Burgos
uno, y éste aquí amparado bajo mi brial! ¡Mira cómo
me has puesto las tocas! ¡Sangrientas todas!
-Diego:
Vámonos para Salas.
Mandó
que a don Gonzalo diese con un cohombro sangriento, y como su pensamiento
en ejecución pusiese, acogióse a su brial, adonde muerto
a estocadas, dejó sus tocas manchadas, de su sangre desleal.
¡Qué
voces tan fieras daba, desde debajo del delantal.
SE
ENTERA RUY VELÁZQUEZ
¿Qué
ha pasado ahora?
¿No
bastaba lo de Alvar Sánchez? ¿Oyes el llanto de tu mujer?
-Ruy:
A buen descanso venimos.
SALE DOÑA LAMBRA
Venganza
te pido, Rodrigo, de tus sobrinos infames.
Callad,
callad doña Lambra, no es justo tratar venganzas, sino perdón
y olvido.
¡Ay
Rodrigo! Te han perdido el respeto. Un rapacillo, que ayer jugaba con
otros niños, el menor de los de Lara, te ha muerto dos deudos
míos, Y con un halcón que arrebató a un escudero,
te cruzó este rostro lindo, Sufriendo arañazos por boca,
narices y oídos.
CARTA
DE RUY VELÁZQUEZ A ALMANZOR
Ruy
Velázquez castellano, a ti Almanzor Supremo, hoy te quiero dar
a Castilla.
A
los campos de Tajahuerce, Esteras y Peroniel, llevar los siete infantes
prometo, con engaño y poca gente.
Envía
a Viara y Galbe con gran ejército. No tienen mejor defensa que
las lanzas de estos hombres, que son halcones o leones.
A
vos, Almanzor, Ruy Velázquez os desea salud, como a amigo a quien
mucho quiere. Os hago saber que los hijos de don Gonzalo Gustios, señor
de Salas, que lleva esta carta,
nos han ultrajado a mi mujer y a mí. Como no me puedo vengar
de ellos, como yo quisiera en tierra de cristianos, os envío
a su padre, para que me hagáis el favor de mandarle matar. Hecho
esto, sacaré yo mis huestes, llevando conmigo a los siete hijos
de don Gonzalo, y acamparé en el monte de Omeñaca y Peroniel,
cerca de Almenar. Sacad vos también vuestro ejército y
venid cuanto antes a ese mismo sitio. Traeréis con vos a Viara
y a Galve, que son los dos muy amigos míos. A los siete infantes,
mis sobrinos, los degollaréis: éstos son entre los cristianos,
los que peor os quieren. Muertos ellos, tendréis en vuestro poder
toda Castilla, porque mis sobrinos son hoy el principal apoyo que tiene
el conde Garci Fernández.
Escrita
y sellada la carta, mandó Ruy Velázquez matar al moro
para que no le descubriese. Después de lo cual montó a
caballo y se fue para Salas. Al entrar en casa de su hermana doña
Sancha dijo con hipocresía:
-Hermana
mía, muy rico vendrá, Dios mediante, tu marido de Córdoba,
adonde le envío. Espero que traiga tanto dinero que seamos ricos
lo que todavía nos quede de vida.
Luego
le dijo a Gonzalo Gustios: -Cuñado, puesto que habéis
de partir, despedíos de doña Sancha y vayámonos
juntos. Ya que Vilviestre os coge de camino dormiremos allí.
RUY VELÁZQUEZ INVITA A SUS SOBRINOS
Muy
pocos vasallos son menester si vosotros venís conmigo, para castigar
al enemigo.
Armaos
venid tras de mí, en las orillas del Ebrillos os esperaré,
donde dicen Vinuesa.
DISCUTEN RUY VELÁZQUEZ Y GONZALO GUSTIOS
Si
yo les dije que se volvieran, es porque sospecho traición, no
porque sea cobarde, Porque miente el que dijere que a mí me falta
nobleza, viejo soy, fáltame sangre, pero la
que
tengo es buena.
COMIDA CON GONZALO GUSTIOS
-Galve:
El Rey, mi señor, quiere que hoy comas con él.
-Gonzalo:
¡Sí, el Rey con un cautivo!. Mira, que te habrás
equivocado
-Galve:
Digo que a ti me ha enviado
-Gonzalo: ¡Estoy confuso,
señor, de ver que acá fuera me sacas! Me han dicho, que
me invitas a comer.
-Almanzor:
Sábete Gonzalo Gustios, que en los campos de Arabiana, he tenido
una victoria, de una sangrienta batalla, ocho cabezas me trujo mi general
Viara, y querría conocerlas; que dicen que son de Salas.
-Gonzalo:
Si de Salas son señor, seguro es que serán, familiares
míos
-Almanzor:
Corre esta cortina Arlaja
-Gonzalo:
Mis hijos me parecen, ¡Ay, mis hijos!
¡Ya
me parecía a mi, que era muy grande el regocijo! ¡Pobre
doña Sancha, con qué esmero tú los criaste! Aquí
está nuestra sucesión, casa, esperanza y apellido. ¡El
cielo ponga consuelo, en tus lágrimas y luto!.
-Almanzor: El caso lastimoso,
mueve las piedras; aunque eres mi enemigo, no te quiero mirar tan doloroso.
Vete
a Castilla, Gonzalo, y consuela tu casa, que a tu solo amparo apela.
Mucho me pesa en el alma, y bien creerás, que me pesa.
-Gonzalo:
¡Terribles son los postres de tu mesa!, de haberlo esto sabido,
nunca hubiera yo en Córdoba comido.
En
el campo de Arabiana,
murió
gran caballería,
por
traición de Ruy Velázquez
y
de Doña Lambra envidia.
Murieron
los siete infantes,
que
eran la flor de Castilla;
sus
cabezas lleva el moro
en
polvo y sangre teñidas
convidárame
a comer
el
Rey Almanzor un día.
ARLAJ
HABLA CON GONZALO
-Arlaj:
Gonzalo, quiero hablar contigo a solas, tengo algo que decirte, Tengo
un bien que darte.
-Gonzalo:
Hoy no me digas nada, que el cielo con sus alegrías y el infierno
con sus dolores, todos me están castigando.
Si
hembra parieres, tendrás tú que criarla, y si varón
parieres, en Córdoba hay cautivos sacerdotes, dale bautismo;
así te ayude el cielo. Y cuando sea grande envíale a Castilla
a que mi hacienda y mis vasallos mande. Esta sortija que tengo, voy
a partirla en dos; dále esta parte al hijo que naciere; será
de mí por ella conocido, si fuera varón.
-Arlaj:
El dolor me obliga a callar. Ten paciencia Gonzalo.
ARLAJ
A SU HIJO MUDARRA
No
me enamoré yo del cuerpo de tu padre, me enamoré del alma,
de la fama y del valor...
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